lunes, 27 de julio de 2009

Disciplina: lo correcto o lo divertido

Cuando se prepara un fármaco para ser inyectado, es inevitable que diminutas burbujas de aire se cuelen en la jeringa y de ahí, a nuestro torrente sanguíneo. Si no se toman las precauciones adecuadas, podrían resultar fatales. Dependiendo de su volumen, podrían incluso obstruir el flujo de sangre. A esto se le conoce como embolia gaseosa.

En mi ignorancia inocente, imagino que debe ser más peligroso obstruir una arteria (las que transportan oxígeno) que una vena (la que está de vuelta) ya que se detiene el aporte de nutrientes y/u oxígeno a la parte del cuerpo que se encargue de irrigar. Es de suponer que, de prolongarse mucho tiempo, ese órgano o tejido podría morir por falta de alimento.

¿Asusta? Bueno, si las inyecciones no son lo tuyo, ahora tienes un motivo más para pensar en lo mala malísima que puede llegar a ser una jeringa con aire (o burbujitas) en tu cuerpo. Yo personalmente no le tengo miedo a esto de los pinchazos pero por otro lado espero que haya una asignatura completa en la carrera de medicina que se encargue de explicar cómo sacar las burbujas de dicho dispositivo infernal. Realmente, la técnica de los golpecitos me parece algo burda y poco sofisticada, ¿no crees?

Afortunadamente, la posibilidad de que una experimentada jeringuillera nos arruine la existencia por culpa de una burbujita de más, diría que es ínfima. Seguro que es más peligroso el dióxido de carbono de nuestro contaminado aire. Pues bien, un buen señor ha credo un árbol sintético, artificial, que filtra literalmente el aire con sus hojas atrapando el CO2 librándonos así de tal maligno enlace de carbono. Recordemos que los niveles actuales de CO2 es de 385 partes por millón lo cual es anormalmente elevado, un 38% más que hace 2.1 millones de años.

Se dice que la gran proporción de oxígeno en el aire en la época de los dinosaurios fue una de las causas de su crecimiento desmesurado así que, gracias a este científico (Klaus Lackner, había olvidado mencionarlo, jeje) tal vez en unos años la “altura de corte” para la NBA esté en 3 metros 45 centímetros. Vaya, que para encestar el balón tendrán que agacharse en vez de saltar y el concurso de mates se hará de rodillas.

El aire en las jeringuillas, el científico que nos promete limpiar el aire con sus árboles artificiales, el crecimiento de los dinosaurios… ¿qué tiene todo esto en común? Pues que, trasladando todas estas reflexiones a mi querido Mondo Lirondo y viendo la importancia de estos gases para la vida, caigo en la cuenta que los Blables comen, me planteé incluso que bebieran pero ¡no respiran! Y ni falta que hace. Lo que sí que es necesario es que, llegados al punto de una población estable por la energía que aportan las plantas (o atlánticas desde hace un tiempo ya), debo tomar un camino:

La primera opción que se me plantea es desarrollar el mecanismo de reproducción para que la población aumente y empiece la criba de los menos adaptados. Como por ahora son ciegos, esto se dará básicamente por suerte pura y dura. Por azar habrá(n) Blables que encuentren comida y otros que no pero, en cualquier caso, habrá una renovación de la población y con ello un equilibrio. La mala suerte puede hacer que mueran muchos individuos del mismo sexo y la especie se vea en dificultades para sobrevivir. Otra posibilidad es que las parejas tengan problemas para encontrarse y la natalidad sea baja debido en parte a la ceguera también. En cualquier caso creo que es el paso lógico a tomar en este momento.

La segunda opción sería dar vida a los iTERs (por fin, por fin!) Waw, qué divertido sería ver a los iTERs correteando por ahí en busca de presas. En el modo “a toda pastilla” (y por pastilla se entiende la velocidad que pueda dar de si tu procesador, claro) sería algo caótico como hemos visto en los videos, pero a una velocidad más lenta, la caza seguro que es un espectáculo digno de ver. Entre los inconvenientes de tomar este camino está el hecho de que la población de Blables, al no tener un mecanismo reproductivo, acabaría por desaparecer. Sería una cuestión de tiempo (o de ciclos de reloj jajajajajajaa es un chiste malo de informatiquillos)

En fin, ¿qué hacer? O bien desarrollo la reproducción (mucho tiempo, muchos factores y muchas horas de análisis y programación) o bien doy vida a los iTER; me pongo cómodo, abro una cocacola, le quito el gas, me cojo unas palomitas y disfruto del espectáculo. Como siempre, lo correcto no es divertido, y lo que sí que lo es, no es lo correcto.

iTERs, allá voy!!


Nota: He pensado que es la primera vez en algún tiempo en que escribo sobre la evolución del proyecto sin incluir ningún video. También me ha venido a la cabeza que soy padre de un gato y que pronto tendré un sobrinito. Para ambos (mi sobrino y mi gato) y para todos aquellos que tengan lo propio (niños o gatos) les dejo un video que seguro hará las delicias de ambos cuadrúpedos: un hovercraft casero!



(pulsa aquí para ver la última entrada)

No hay comentarios:

Publicar un comentario