lunes, 12 de octubre de 2009

Con dos cojones


Es bien conocido que el hombre tiene ciertas dificultades para alcanzar la madurez en un tema tan delicado para él como el tamaño de sus órganos sexuales. Si algo he aprendido es que el cerebro de una mujer es un tesoro difícil de conquistar y de lo que no tengo duda es que el tamaño de tu llave no es lo que necesitas para abrir la cerradura.

Echemos un vistazo a lo que hace la naturaleza. El tamaño del órgano sexual masculino no es siempre proporcional a las dimensiones del animal. Una ballena, por ejemplo, tiene un pene de tres metros de largo mientras que un gorila macho apenas cuenta con cinco centímetros. Los caracoles tienen un pene extraordinariamente largo para su tamaño lo cual debe ser útil para otras muchas actividades como, por ejemplo, el de los delfines que utilizan para “rascar” el fondo marino en busca de alimento. Un momento, yo siempre he pensado que un delfín comía peces pero si los expertos dicen que están buscando entre el lecho marino… pues eso. ¿Y si yo fuese un delfín, uno de los animales más inteligentes de la tierra y quisiera frotármela en el mar, no lo haría con el fondo? Bueno, dejemos este tema porque el rey, el bicho con el record mundial, el maestro sensei de los penes, la envidia del reino animal es nada más y nada menos que el piojo con un pene que es 50 veces el tamaño de su cuerpo.

El piojo, ese animal que no se contenta con torturarnos mientras somos niños sino que espera pacientemente para volver a la carga y seguir atormentándonos ya de adulto. En fin, una vez hayamos superado la humillación de este sádico animal, deberemos contentarnos con la idea de que los humanos tenemos el pene más grande de toda la familia de primates. Pero los humanos no somos una sola raza (huy, tema delicado para los blanquitos) y cada una de ellas tiene sus propias características como el color de la piel, la densidad ósea y, sí señores, sí, el tamaño del pene. Según el origen étnico encontramos los siguientes datos:

Orientales: 10-14cms de largo
Caucásicos: 14-15,2cms de largo
Africanos: 16-20cms de largo

Por países la cosa es más divertida si me ciño sólo a valores fiables y contrastados, encontrando que el valor medio en España es de 14cm que coincide con la media mundial. Los franceses tienen su media en 16cms lo cual no está reñido con su fama. En Alemania la media se sitúa en 14,4cms y, yendo a los valores más bajos, nos encontramos con la India donde calzan 10,2cms y Corea del Sur con 9,6cms. Los países latinos, tan seguidores de este blog, es de aproximadamente 13cms, algo menos que los europeos posiblemente derivado (esta es una opinión mía personal) de la mezcla genética con los indígenas autóctonos que son en definitiva de origen asiático.

Una curiosidad histórica se produjo en la guerra del Vietnam cuando los estadounidenses lanzaron preservativos algo más grandes de lo normal sobre los territorios enemigos con la intención de minar la moral de los resistentes comunistas.

Una de las pocas cosas divertidas que la religión ha aportado al mundo es la circuncisión. Me hubiese gustado personalmente haber estado presente en la conversación en la que, por primera vez, se planteó la idea de cortar el prepucio. Qué placer hubiese sido escuchar las réplicas: “Déjame ver si he entendido tu idea, estás planteando cortar la piel de… ¿puedes explicarlo otra vez a ver si lo comprendo?”.

La circuncisión ha sido, sin duda alguna, lo más divertido que he escuchado nunca desde un plano religioso. Bien pensado, si uno consigue que un hombre acceda a dicha intervención, no habrá ningún problema en hacerle creer que una bruja dio una manzana envenenada a Blancanieves que vivía con 7 enanos… perdón, he confundido la fantasía con la realidad, me refería a que una serpiente parlanchina dio una manzana a Eva para… bueno, ya conocéis la Historia.

Esta divertida práctica (cómo me hubiese gustado conocer los orígenes) ha sido relacionada con el pueblo judío, tanto que en la Alemania nazi era común que la policía obligara a los varones a mostrar sus genitales para demostrar que no eran judíos. Se daba el caso que algunos eran detenidos debido a que se les había practicado la circuncisión por fimosis y no por razones religiosas o culturales.
En los Estados Unidos, país donde lo cómico se torna a veces ridículo, la circuncisión se sigue practicando sistemáticamente debido a un concepto erróneo de higiene. En el siglo XIX médicos de mentalidad puritana habían puesto de moda la idea de que el esmegma podía producir infecciones. Según indicaban algunos estudios el esmegma podía contener sustancias cancerígenas, pero otros más recientes parece que refutan esta posibilidad.

A partir de una premisa cierta (que con la circuncisión el glande pierde sensibilidad) los médicos victorianos habían deducido dos conceptos erróneos: que los estadounidenses tendrían menor tendencia a la práctica de las relaciones sexuales, y que eso automáticamente los volvería más religiosos y trabajadores. Desde los años 1980 en ese país se está luchando —mediante campañas de educación para padres— contra el flagelo de la circuncisión compulsiva de bebés.


Parte de nuestra cultura como especie gira en torno a tan curioso apéndice que a algunos les gustaría catalogar de extremidad. Famoso es el pene de Napoleón y, justo por lo contrario, el del místico ruso Grigori Rasputín. Curiosamente hay una leyenda en torno a un personaje español, herido en batalla en el bajo vientre, que vio mermado el contenido de su entrepierna. No he podido contrastar ninguna información que pudiera ayudarme a decantarme entre la veracidad o no del relato pero, de ser cierto, sin duda que no le faltaron cojones al gallego de marras.

Mis Blables tienen como objetivo conquistar su mundo particular al igual que Francisco Franco, tener el máximo de relaciones sexuales como hizo Rasputín y ser el más hábil estratega como Napoleón para, haciendo uso de su genética, sortear los peligros y sobrevivir. Para ello, señores, no es necesario tener un pene de 30 centímetros y ni tan siquiera tenerlo.

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