sábado, 21 de julio de 2012

La gloriosa replicación de la ciencia


misiles
Albert Einstein dijo una vez al ser preguntado por las armas nucleares, “no sé con qué armas se librará la Tercera Guerra Mundial, pero en la cuarta se usarán palos y piedras”. Terrorífico pensar en ello, verdad? Pues parece que no he sido ni el primero ni por supuesto el único.

Ha habido películas sobresalientes sobre una teórica Tercera Guerra Mundial. La Hora Final, basado en la novela de Nevil Shute, es escalofriante. La Jetée, Dr. Strangelove de Stanley Kubrick, Equilibrium o incluso Mad Max, tocan este tema de una forma muy particular: la humanidad se resentirá a nivel planetario. Incluso en Star Trek VIII: Primer Contacto, en donde los Borg viajan al pasado para invadir la Tierra aprovechando la débil situación después de una Tercera Guerra Mundial que sitúan entre 2043 y 2053. Esta particular e hipotética situación, también ha tenido su reflejo en el cómic: Kamadi, Futuro Imperfecto y Tierra-17 son unos grandiosos ejemplos. En literatura, Crónicas Marcianas, Neuromante, Watchmen. En videojuegos, World War 3, Call of Duty, Modern Warfare 3. Y en música, Depeche Mode con Two Minute Warning, Bod Dylan, The Smiths, por poner unos ejemplos.

En todos los casos, se ofrece una visión de la sociedad post apocalipsis, una visión sobre la economía basada casi fundamentalmente en el trueque, la supervivencia y la jerarquía basada en recursos y/o la fuerza. Realmente resulta curioso que en ningún caso, ni en películas, ni en cómics, música o videojuegos, se aborde el tema religioso. Uno puede preguntarse, qué tiene que ver Dios en todo esto. Y tal vez sea yo, por tanto, el primero en ofrecer una nueva reflexión.

Imaginemos que toda memoria, toda palabra escrita y tecnología en la Tierra se perdiera, dejando a la humanidad empezar completamente desde el principio. Todo lo que hemos conocido sobre ciencia sería poco a poco descubierto de nuevo. En cientos o tal vez miles de años, la humanidad acabaría entendiendo la química y redescubriendo los mismos elementos que conocemos ahora. La humanidad entendería de nuevo la biología incluyendo sus orígenes evolutivos. Entenderían los movimientos de las galaxias en el cielo, y trabajarían por entender los detalles del Big Bang. Esta es la gloriosa parte de la ciencia, puede y sería replicada por completo. Puedo asegurar, sin embargo, que la historia de la serpiente parlanchina sería olvidada por siempre.

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