martes, 7 de julio de 2009

Romper las reglas cerca de los 40: inaceptable

Un fin de semana estudiando y pensando tumbado en la terraza es una de las cosas que mejor se me da, sobre todo cuando me ronda por la cabeza la estúpida idea de intentar solucionar algo que me preocupa: los límites de Lirondo.

Que Mondo Lirondo (el mundo virtual donde “viven” los Blables) tenga límites tiene sus consecuencias. Yo no sé si Dios es omnipotente, indisoluto o magnificiente en todo su ser y estar, pero lo que está claro es que se lo montó muy bien cuando diseñó un Universo sin límites e infinito. Imagina que eres miope y que no ves más allá de 10 metros, ¿qué pasaría si llegases al límite del Universo? Yo no sé contestarte a eso pero si estuvieses a 1 metro del límite pero tu vista te permitiese ver hasta 10 metros… Dios tendría un problema para definir las leyes físicas en ese lugar. De entrada no tendría sentido hablar de “más allá del límite” (esos 9 metros de visión) fuera del Universo, donde no hay nada o, mejor dicho, donde ni siquiera tiene sentido hablar en términos de “dónde”.

Que Mondo Lirondo (el mundo ese que yo llamo virtual donde yo digo que viven los Blables) tenga límites tiene sus consecuencias. Y no sólo porque debo crear unas leyes físicas excepcionales al resto del Universo Blable, es que no me da la gana de hacer trampas; todo debería tener cierta coherencia en su conjunto porque dichas excepciones ralentizan cualquier análisis, movimiento o decisión con cálculos complicados que, recordemos, el ordenador realiza a millones por segundo. En cuestión de minutos estamos hablando de un despilfarro de recursos y una infinidad de funciones y procedimientos que entretienen al procesador con cargas inútiles. Por eso y porque es más bonito tener un mundo uniforme, coherente y con sentido global, claro.

¿Cuáles son estos problemas? ¿Qué excepciones crean dichos límites? Dos grandes preguntas, tanto como un fin de semana, 6 platos de pasta, 2 cervezas, casi 6 litros de agua y un café. Empezaré con la primera pregunta.

Que Mondo Lirondo (el mundo ese, sí, el virtual donde viven los bichos esos… ¿cómo se llamaban?) tenga límites tiene consecuencias en la red neuronal del Blable (eso, Blables, así se llaman) El Blable debe comprobar en qué posición está, qué tiene alrededor, tomar una decisión basada en su entorno y en su estado, analizar si esa decisión es posible teniendo en cuenta que podría estar en un límite de su mundo y finalmente actuar. Esto es una carga neuronal sin sentido que se repite, dependiendo del tipo de procesador que tenga tu pc, cerca de 120.000 veces por segundo. Demasiadas sólo para ser útil en el 7% del universo blable pero que debe ser ejecutadas siempre; demasiadas para ser una excepción a la regla.

¿Y qué ocurre con la vista del Blable? Pues exactamente lo mismo; cuando el bichejo analiza su entorno, vuelven a entrar en juego las reglas de excepción por si se le ocurriese “mirar” fuera de los límites (lo cual crearía una singularidad espacio-temporal que daría como consecuencia un agujero negro que se tragaría toda la materia del universo!!) Vamos, que el programa se colgaría, si tuvieses algún otro programa en marcha (messenger, internet explorer, lo que sea) podría verse afectado y un muy problable pantallazo azul al canto.

Las dos excepciones que crea el hecho de tener límites son un lastre en el análisis del Blable y otro lastre a la hora de “mirar” y eso sin contar que un Blable puede tener dos niveles de visión y “ver” dos casillas más allá de su posición con lo que, ya no sólo es importante saltarse las normas de las “leyes físicas” de Mondo Lirondo cuando el Blable está en el límite, sino que además debe ser aplicable cuando está cerca del límite. Demasiadas leyes rotas para un mundo tan pequeño. Al final todo es una excepción y nada tiene ni concierto ni trombón (me acabo de inventar esta frase y me gusta)

Que Mondo Lirondo (ese mundo raro donde no se qué leyes raras de un bicho que no sé cómo se llama vive o algo así) tenga límites tiene consecuencias y me he pasado un fin de semana feliz y tranquilo, tomando el sol, poniéndome cremitas para no quemarme y enfrascado en mis pensamientos y cálculos hasta que llegué a la solución. ¿Quién o qué me dio la solución? Agárrate fuerte a la barra del metro (porque me estás leyendo desde un iPhone en el metro mientras vas a trabajar a una central nuclear de cuarta generación, verdad?) La respuesta me la dio Dios.

Volvamos para atrás, ¿recuerdas tu miopía que te permitía ver hasta 10 metros? Pues bien, que el Universo tenga límites o no es intrascendente para nuestro problema porque Dios (si existe, claro, lo uso de forma metafórica porque yo no soy creyente, ¡Dios me libre!) no nos permite acercarnos al borde de nuestro universo. La luz tiene una velocidad constante (bueno, esto tendría que matizarlo pero da igual, sirve para el ejemplo) y, aunque construyas el telescopio más potente, la nave espacial más rápida, jamás podrás obtener luz para tu telescopio o llegar más lejos de lo que la luz lo hace. Ostras, te lleva más de 13,000 millones de años de ventaja! En cualquier caso y para entendernos, sería como si visualmente alcanzaras los 10 metros pero físicamente no pudieras acercarte al límite más de 11 metros. ¡Problema solucionado! La respuesta al problema es poner un muro (invisible o visible, da igual) al Blable para que no pueda acercarse al borde más de lo que su visión le permite. Tacháááááááán!! Soy o no soy un genio!

Y para muestra un botón o casi mejor un video con la mejora aplicada a Lirondo. Toma ya! Esto sigue avanzando y qué paisaje más bonito estoy viendo. Qué camino tan agradable de recorrer.

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